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  • Foto del escritorMickey López

Frente a la Figura de Ernest Hemingway...

Localizado en la Calle Obispo, esquina Monserrate Núm. 557, en La Habana, sin duda El Floridita es uno de los bares más antiguos del mundo, pues abrió sus puertas con el nombre La Piña de Plata en 1817. O sea, ya cumplió 201 años de servicio ininterrumpido. En 1953, la prestigiosa revista Esquire lo catalogó séptimo (7) entre los mejores del planeta, reconocimiento que sería fortalecido por la Academia Norteamericana de Ciencias Gastronómicas (NAGC), que le confirió el premioBest of the Best Five Star Diamond en 1992.

Su historia es interesantísima. Muchos atribuyen su fundación a un cantinero a quien llamaban «Maragato», cuyos hijos lo heredaron. En 1910 fue adquirido por el chef francés Salai I Pereira, quien lo expandió agregándole salón restaurante y lo rebautizó con el nombre de La Florida. En 1914, el catalánConstantino «Constantc» Ribalaigua Vert (1888-1952) comenzó a trabajar aquí como cantinero. Cuatro años más tarde, 1918, lo compró a Pereira. A partir de entonces se identificaría para siempre como El Floridita.


A «Constante» se le atribuye haber traído a La Habana una bebida elaborada a base de ron blanco llamada Daiquirí que, a su vez, es el nombre de una famosa playa situada a 30 kilómetros de Santiago de Cuba y de unas minas de acero en la misma capital de la antigua provincia de Oriente (hoy Granma). Alegadamente, su creador fue el ingeniero minero estadounidense Jennings Cox que un colega y compañero de trabajo de éste, el italiano Giacomo Pagliucci, fue quien le puso el nombre de Daiquirí.


Valga aclarar que algunos historiadores acreditan dicho precedente a otro cantinero, Emilio González, quien lo llevó al Hotel Plaza – el mismo en que me hospedé junto a mis hermanas Rebecca y Rachell, mi sobrina Rosa Rebecca y mi cuñado Joseíto Narváez ̶ y que éste le dio la fórmula a «Constante». Sin embargo, aquel daiquiríera muy distinto al que se conocería hasta el día de hoy. De hecho, se ignora cuáles, específicamente, eran los ingredientes que se le agregaban al ron, aunque se asume que el limón era uno de ellos.


«Constante» creó su propia fórmula de daiquirí. Y, según se asegura, un mediodía de 1932, su establecimiento fue visitado por el famoso escritor norteamericano Ernest Hemingway (1899-1961), quien radicaría definitivamente en La Habana desde 1939, pero antes, desde aquel año, visitaría con cierta frecuencia la capital cubana. Él le solicitó el referido trago, que se promocionaba como “la especialidad de la casa”. El mismo consistía de jugo de medio limón, azúcar, varias gotas de marrasquino, hielo frappé y, por supuesto, ron blanco. Esta mezcla le fascinó. Al punto de que regresaría muchas veces a El Floridita para deleitarla y se hizo gran amigo de «Constante». Durante aquellas fechas, Hemingway escribía el borrador de la que sería su más exitosa novela, ¿Por quién doblan las campanas?


Ya radicando definitivamente en el adyacente Hotel Ambos Mundos, en La Habana, 1939, como de costumbre, una tarde Hemingway le solicitó a su amigo «Constante» que le sirviera su coctel favorito, aunque con par de variaciones, argumentando su recién diagnosticada condición de diabético. Le especificó que sustituyera el azúcar por doble porción de ron y, en lugar de limón, agregara jugo de toronja. «Constante» complació su pedido, pero bautizó a dicha variante con dos nombres: Papá Doble y Hemingway Special. Algo que podría considerarse absurdo, ya que el ron contiene azúcary, en este caso, duplicando la cantidad.


Pero buenoel caso es que la infalible presencia de Ernest Hemingway en El Floridita se convirtió en principal atracción del establecimiento. La silla en que acostumbraba sentarse desde tempranas horas de la tarde para escribir sus obras de turno y saborear sus daiquirísallí ingería alrededor de doce diariamenteubicada a un extremo de la barra, se le reservaba con una cadenita que impedía que otro cliente pudiera ocuparla (véase la foto en que aparezcojunto a su Monumento). Allí acudían infinidad de cubanos y turistas de todo el mundo para fotografiarse junto a él. Y, cuando Hemingway se disponía a marcharse, picas veces a su hogar, siempre llevaba dos daiquirís en un termo o «Constante» se los servía en una copa helada que le preparaba para que los fuera ingiriendo mientras su chofer ̶ aHemingwayno le gustaba manejarautomóviles ̶ lo conducía a su destinoque por lo general era La Bodeguita del Medio u otros desveladeros. Su bembé en El Floridita siempre comenzaba tempranito.


En reconocimiento a la popularidad que su figura brindaba a su negocio, los agradecidos herederos encomendaron al reconocido escultor Fernando Boada Martín (1902-1980) un busto de su más célebre y fiel cliente, mismo que se exhibe en El Floridita desde 1954. Sin embargo, el homenaje más palpableobviamente, el más significativo es el fervor con que se le veneraes el monumento, tamaño natural, que aparece en su acostumbrada esquina de la barra, obra del muy importante escultor cubano José Ramón Villa Soberón, quizás el más notable de su generación (n. en Santiago de Cuba, septiembre 2, 1950), que se develó en 2003.


En esta escultura se recrea la figura de Hemingway frente a su daiquirí, el cual le tomé prestado para la foto con que ilustro este reportaje. Desde su develación, el ya anciano cantinero Rogelio Fernandez, el mismo que lo atendía durante sus últimos años y que todavía trabajaba allí, le cambiaba su trago diariamente como si Hemingway aún estuviera vivo. La cantidad de turistas extranjeros que visita El Floridita para fotografiarse junto a esta estatua y degustar su legendario daiquirí es impresionante. Especialmente desde el atardecer, resulta difícil moverse debido al gentío.


A la entrada, justo al lado donde ubica el monumento, un conjunto sonero, con féminas como vocalistas, ameniza la fiestaaunque es casi imposible bailar, pues la conglomeración de visitantes no permite espacio. Así que para fotografiarse junto a la figura de Hemingway y ser atendido por uno de los excelentes cantineros es preciso un poco de paciencia. Pero les aseguro que vale la pena. La experiencia sería inolvidable.


La inmensa lista de visitantes ilustres que, en distintas épocas, ocuparon mesas del restaurante o disfrutaron de cocteles en la barra de El Floridita ̶ muchos de ellos, invitados de Hemingway –, incluye a las estrellas cinematográficas Gary Cooper, Errol Flynn, Ingrid Bergman, Dorothy Dandridge, Marlene Dietrich, Ava Gardner, Spenccr Tracy, Broderick Crawford, Gina Lollobrigida, Jane Fonda, Jack Nicholson, Robert Redford, Pierce Brosnan, Danny Glover, Ornella Muti, Kate Moss, Matt Dillon y tantas otras del cine mexicano, del argentino y del europeo. Escritores como Jean-Paul Sastre, Tennessee Wiliams. Samuel Eliot Morison, Herbert Mattews y Charles Trueman «Buck» Lanham.


También: Eduardo VIII y Wallis Simpson (Duques de Windsor); Charles Scribner IV (editor de las obras de Hemingway); Jack Dempsey, Gene Tunney y Rocky Marciano (campeones mundiales de boxeo); Giorgio Armani y Paco Rabanne (diseñadores de alta costura); Ted Turner (magnate norteamericano de las Comunicaciones); Jean-Michel Jarre (compositor francés); la cantante y actriz cspañolaMarisoly su entonces esposo, el bailarín Antonio Gades; Naomi Campbell (“top model”); Luis Miguel Dominguín (torero español) y numerosos atletas y cantantes nacionales e internacionales, contándose entre los más recientes al salsero puertorriqueño Gilberto Santa Rosa y su esposa, la modelo y actriz dominico-boricuaAlexandra Malagón. Ahhhhy yo (perdónenme esa).


Por otro lado, franquicias de El Floridita que emulan su cubanísimo ambiente operan en Londres, Madrid, Los Ángeles y en otras metropolis de Europa y América. Durante algún tiempo existió otra en Dublin, Irlanda. En su novela Islas en el golfo / Islands inn the Stream (editada póstumamente en 1970), Hemingway detalla meticulosamente la atmósfera que se respiraba en este establecimiento, donde disfrutó tantas horas de su vida.


PD: al ser reconocido como uno de los siete mejores bares del mundo, El Floridita fue antecedido por los siguientes, en estricto orden: Pied Piper Bar (San Francisco, California); Ritz (París); Ritz (Londres); Club 21 (NuevaYork); bar del Hotel Shelbourne (Dublin, Irlanda) y Raffles Bar (Singapur).


En 1992, la Academia Norteamericana de Ciencias Gastronómicas, además de distinguirlo oficialmente como «Rey del Daiquirí», lo reconocio como ¡El Mejor Restaurante Especializado en Pescados y Mariscos!


A Constantino «Constante» Ribalaigua Vert también se le acredita la creación del famoso coctel Mary Pickford, en honor a la diva hollywoodense de ese nombre (1892-1979), quien visitó El Floridita varias veces durante la década de los ‘30. q

MLO / diciembre 26, 2018.


Reconocido como uno de los novelistas norteamericanos

más influyentes del Siglo 20, Ernest Hemingway (1899-1961), Premio Nobel de Literatura 1954, se identificaba como

“gringo cubano” y consideraba a Cuba su segunda patria.


Su vida, colmada de aventuras como heróico soldado durante la Primera Guerra Mundial y, luego como periodista corresponsal de conflictos bélicos en Europa, así como por su prolongada etapa en La Habana (1939-1961), donde dejó un anecdotario inmenso, convirtieron a Ernest Hemingway (n. en Oak Park, Ilinois, julio 21, 1899 – m. en Ketchum, Idaho, julio 2, 1961) en una celebridad fascinante que sigue generando fervor entre generaciones más contemporáneas. Y, claro, por su genialidad y éxito como escritor, en una figura de culto.


Se había enlistado en el Ejército a principios de 1918 y, luego del entrenamiento de rigor, fue enviado a Francia durante el mes de mayo. Muy poco tiempo después fue trasladado a Italia, donde se desempeñaría como chofer de ambulancia. El 8 de julio de aquel mismo año fue gravemente herido por un ataque de mortero en Fossalta di Piave (Venecia), pero aun así pudo rescatar a un soldado italiano. Por tal gesta fue condecorado con la Medalla de Plata al Valor por el Gobierno de Italia.


Luego de un período de recuperación en un hospital en su tierra natal, en 1920 se estrenó como periodistacorresponsal en el extranjerodel Toronto rotativo para el cual laboró hasta 1937, aunque en el interín también fue reportero del periódico Star Weekly, Cooperative Commonwealth, de Chicago. Durante los años 1937-1939 cubrió las incidencias de la Guerra Civil Española para la agencia North American Newspaper Alliance (NANA). Posteriormente, escribió artículos para otras publicaciones. Su último trabajo periodístico fue una serie de reportajes sobre las corridas de toros en España que le encomendó la revista Time en 1959.


Ernest Hemingway había llegado a La Habana, Cuba, a bordo de su propio Barco Pilar, en marzo de 1939, estableciéndose en el Hotel Ambos Mundos, situado entre las calles Obispo y Mercaderes en la Zona Colonial. Quien sería su tercera esposa, 1940-1945, la célebre escritora y corresponsal de guerraMartha Gellhorn, se le unió más adelante. Posteriormente, arrendó la Finca El Vig̶ía ̶ que compraría después –, de 61,000 metros, localizada a 24 kilómetros a las afueras de La Habana.


Legendarios se hicieron los frecuentes fiestones que este insigne escritor acostumbraba celebrar allí, teniendo como invitados a otros famosos escritores como Graham Greene y Tennessee Williams, así como estrellas de Hollywood como Gary Cooper, Errol Flynn, Spencer Tracy, Henry Fonda y Ava Gardner ̶ de quienes se había hecho amigo, dada la circunstancia de que sus novelas fueron llevadas al cine ̶ , a destacados artistas nacionales (el gran Benny Moré, entre ellos), deportistas y políticos cubanos. Hemingwayhablaba español con fluidez, pues antes de radicarse en Cuba pasó prolongadas y repetidas temporadas en España. Solía identificarse como “gringo cubano”y los amigos que cultivó en la Perla de las Antillas lo apodaban «Papá».


Adoraba la vida nocturna y, además de su constante presencia en La Bodeguita del Medio y El Floridita, no pocas veces se le vio en el Alí Bar, en Luyanó (admiraba a Benny Moré, representativa estrella de este desveladero) y los cabarets La Choricera (en Marianao); el Parisién (del Hotel Nacional); Sans Soucí y, alguna que otra vez, en los muy emblemáticos Tropicana y Montmartre. Pero su figura siempre estaría identificada con los dos primeros mencionados.


Su obra literaria consta de las siguientes novelas: Aguas primaverales y Fiesta (1926); Adiós a las armas (1929); Muerte en la tarde (1932); Tener y no tener (1937); ¿Por quién doblan las campanas? (1940); Al otro lado del río y entre los árboles (1950); El viejo y el mar (1952) ̶ merecedora del Premio Pulitzer en 1953 ̶ y, publicadas después de su desaparición física, París era una fiesta (1964); Islas en el golfo (1970); El verano peligroso (1985); El Jardín del Edén (1986) y Al romper el alba (1999).


Cuentos: Tres relatos y diez poemas (1923); En nuestro tiempo (1925); Hombres sin mujeres (1927); El ganador no se lleva nada (1933); La quinta columna y los primeros 49 relatos (1948) y, publicado después de su muerte, Nick Adams (1972).


Al campo teatral sólo aportó el drama La quinta columna (1937). En reconocimiento a la totalidad de su legado, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en octubre de 1954.


Ernest Hemingway y su cuarta esposa (desde 1946) Mary Welsh, quien fuera periodista de la revista Vogue, se fueron definitivamente de Cuba en julio de 1960 al enterarse de que el recien implantado Gobierno de Fidel Castro se disponía a nacionalizar todas las propiedades de extranjeros. Hasta entonces, aparentemente, mantenía buenas relaciones amistosas con el máximo líder de la Revolución Cubana. Dejó manuscritos y valiosas obras de arte en la bóveda de un banco habanero y, en su residencia de la Finca El Vigía, una biblioteca con alrededor de 6,000 libros y otras pertenencias. Se estableció entonces en la casa que había comprado en Ketchum, Idaho, en 1959.


Durante sus ultimo tiempos vivió agobiado por su crisis financiera, los impuestos adeudados y la cirrosis hepática que padecía provocada por su crónico alcoholismo. También se tornó paranoico creyendo que el FBI lo perseguía. Pondría fin a su tormentosa vida suicidándose de un balazo en la boca, para lo cual utilizó su escopeta Bosscalibre 12.


Tras su deceso, parte de las propiedades que dejó en Cuba pasaron a formar parte del Museo que lleva su nombre en el recinto que ocupara en el Hotel Ambos Mundos, mientras que otras se destinaron a varias instituciones culturales. q MLO / diciembre 26, 2018.



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